Fushigi yuugi

19-Octubre-2007 at 12:24 pm (Manga y anime)

Hola, mi amiga Noelia me recomendo este anime que habia visto en la biblioteca del barrio, lo busque en youtube y me encanto, no estoy segura, pero creo que son cerca de 50 capítulos, y queria recomendaroslo porque está muy bien.

Aqui os dejo el 1er capítulo en tres videos, que lo disfruteis ^^ :

si os a gustado ya sabeis a buscar en youtube ^^

Permalink 1 comentario

Sukisyo

16-Octubre-2007 at 12:49 pm (Manga y anime)

Es un anime de 12 capítulos y un ova.

Cuenta la historia de dos chicos que tienen como doble personalidad, la segunda personalidad de ambos chicos se gustan y no dudan en mostrarlo, la primera personalidad de ambos chicos son amigos de la infancia…si quereis saber más descubridlo vosotros mismos^^

Este anime es un poco lioso pero es muy bonito os lo recomiendo^^

Permalink Dejar un comentario

Kare first love

16-Octubre-2007 at 12:36 pm (Manga y anime)

De Kaho Miyasaka.

serie de 10 tomos en donde se relata la historia de Karin que va a un instituto femenino porque le incomoda tratar con chicos, un dia conoce a un chico llamado Kiriya y pese a estar decidida a no volver a verle las circunstancias la obligan a volver a verlo…

Es una historia muy bonita llena de amor,^^ os la recomiendo esta realmente bien.

Permalink Dejar un comentario

Kadingir

16-Octubre-2007 at 11:53 am (Libros)

Joan LLongueras y Mercè Masnou son los autores de la saga de Kadingir, una historia llena de aventuras, acción y de las peripecias extraordinarias de Ishtar la protagonista de la saga.

Ishtar, una niña de lo mas alocada, con gran imaginación, poco sentido del ridiculo y un humor de lo mas irreverente, heredará un legado muy especial…

Los libros son:

El cetro de Zink

El Señor de Zapp

El caso Shapla. La Reina de Kigal (este es el nuevo título para el tercer libro de la triología)

Si os gusta reiros os lo recomiendo, mis amigos se quedaban alucinados viendo como me reia leyendo el libro xDDD

Permalink 50 comentarios

Las crónicas del mundo emergido

16-Octubre-2007 at 11:40 am (Libros)

Es una triología escrita por Licia Troisi.

Una saga fantástica llena de aventuras y acción.

Los libros son:

Nihal de la tierra de viento

La misión de Sennar

El talismán del poder

Esta saga está muy bien, a mi me gusto mucho, y eso que prefiero los libros donde alla amor xD, si decidis leerlo espero que lo disfruteis… :)

Permalink Dejar un comentario

Ironside

15-Octubre-2007 at 9:33 am (Libros)

Hola :)

Resulta que estaba buscando informacion sobre los libros Valiant e Ironside, la 1ª y 2ª parte del libro  El tributo de la corte oscura, y encontre el  1er y 2º capítulo de Ironside, asi que aquí os lo dejo… ;)

PD: me hubiera gustado ponerlo en un archivo, pero me salia error, asi que si no quereis leerlo aquí tendreis que copiar y pegar.

Capítulo 1

Prefiero el invierto y el otoño, cuando sientes la estructúra ósea del paisaje… su soledad… la sensación muerta del invierto. Algo yace debajo… no se muestra la historia completa.
Andrew Wyeth

Las chicas humanas lloran cuando están tristes y cuando son felices. Tienen una sola forma fija en vez de cambiar al antojo del humo azotado por el viento. Tienen sus propios padres, que las aman. No var por ahí robando las madres de otras chicas. Al menos así era como Kaye pensaba que eran las chicas humanas.
Jugueteando por el agujero del costado derecho de su disfraz, Kaye tanteó la piel verde de abajo mientras se evaluaba en el espejo.
-Tu rata quiere venir -dijo Lutie-loo. Kaye se giró hacia la pecera con tapa donde el hada del tamaño de una muñeca tenía presionados sus pálidos dedos contra el exterior del cristal. Dentro, la rata marrón de Kaye, Armageddon, olisqueaba el aire. Isaac estaba enroscado formando una pelota blanca en la esquina más alejada-. Le gustan las coronaciones.
-¿Realmente puedes entender lo que dice? -preguntó Kaye, metiéndose una camisa color aceituna por la cabeza y bajándosela hasta las caderas.
-Es solo una rata -dijo Lutie, girándose hacia Kate. Una de sus alas de polilla espolvoreó el costado de la jaula con un polvo pálido-. Cualquier puede hablar rata.
-Bueno, yo no. ¿Parezco monocromática con esto?
Lutie asintió.
-Me gusta.
Kaye oyó la voz de su abuela llamando escaleras abajo.
-¿Dónde estás? ¡Te he hecho un sandwich!
-¡Un segundo! -gritó Kaye en respuesta.
Lutie besó la pared de cristal de la jaula.
-¿Bueno, puede venir la rata o no?
-Supongo. Claro. Quiero decir, si puedes evitar que no se escape. -Kaye se ató una de sus sólidas botas negras y cojeó por la habitación buscando la pareja. Hacía sólo dos meses su dormitorio tenía una cama infantil y una estantería llena de anticuadas muñecas de ojos fijos. Ahora la vieja caba estaba desmontada en el ático, las muñecas estaban vestidas con atuendos punk-rock, y sobre el colchón del suelo Kaye había pintado un mural donde podría haber habido un cabecero. Estaba a medio terminar… un árbol con profundas e intrincadas ramas y corteza dorada. Aunque había creído que lo haría, la decoración todavía no la hacía sentir que la habitación fuera suya.
Cuando había visto el mural, Roiben había comentado que podría dar encanto a la habitación para hacerla parecer como quisiera, pero un toque mágico… sin importar cuando le encantara… no le parecía real. O quizás parecería demasiado real, le recordaría por qué no pertenecía a esta habitación en absoluto.
Metiendo el pie en la otra bota, se encasquetó la chaqueta. Dejándose el cabello verde, dejó que la magia se deslizara sobre su piel, coloreándola y cubriéndola. Sintió una ligera picazón cuando el encanto restauró su familiar cara humana.
Se miró a sí misma un largo momento antes de meterse a Armageddon en el bolsillo, rascar a Isaac detrás de las orejas, y caminar hacia la puerta. Lutie la siguió, volando con las alas de polilla, manteniéndose fuera de la vista mientras Kate trotaba escaleras abajo.
-¿La que llamó antes era tu madre? -preguntó la abuela de Kate-. Oí el teléfono. -Estaba de pie ante el mostrador de la cocina, vertiendo grasa caliente en una lata de estaño. Dos sandwiches de mantequilla de cacahuete y bacon estaba colocados sobre platos; Kaye podía ver la carne marrón curvada saliéndose por los bordes del pan blanco.
Kaye mordió su sandwich, alegrándose de que la mantequilla de cacahuete mantuviera su boca cerrada.
-Le dejé un mensaje sobre las vacaciones, ¿pero se molestó en devolver la llamada? Oh, no, está demasiado ocupada para hablar conmigo. Tendrás que preguntarle mañana por la noche, aunque por qué puede que no puede venir aquí a verte en vez insistir en que vayas a visitarla a ese escuálido apartamento de la ciudad, nunca lo sabré. Debe irritarla de veras que hayas decidido quedarte aquí en vez de seguirla por ahí como una pequeña sombra.
Kaye masticó, asintendo a lo largo de las quejas de su abuela. En el espejo que había junto a la puerta, podía ver, bajo el encanto, a una chica con piel color verde hoja, ojos negros sin una gota de blanco en ellos, y alas tan final como una envoltura de plástico. Un monstruo junto a una agradable anciana, comiendo comida en vez de otro niño. Una niña cambiada por las hadas.
Parásitos chupasangre. Así es como llamaban a los cucus cuando dejaban sus huevos en los nidos de otros pájaros. Abejas parásito también, dejando a sus obreras en colmejas extrañas; Kate había leído sobre ellas en una de las enciclopedias a punto de desintegrarse del descansillo. Los parásitos chupasangre no se molestaban en criar a sus propios bebés. Los dejaban para que los criaran otros… pájaros que intentaban no notar que su descendencia crecía enorme y hambrienta, abejas que ignoraban que su progiene no recolectaba polen, madres y abuelas que no conocían la palaba “cambio”.
-Tengo que irme -dijo Kaye de repente.
-¿Has pensado en la universidad?
-Abuela, tengo mi Diploma de Educación General -dijo Kaye- Tu lo viste. Yo lo vi. Está hecho.
Su abuela suspiró y miró al frigorífico, donde estaba la carta todavía pegada con un mán.
-Siempre está la escuela profesional. Imagina eso… empezar la universidad antes de que el resto de tu clase se gradue siquiera.
-Iré a ver si Corny está fuera ya -Empecé a avanzar hacia la puerta-. Gracias por el sandwich.
La anciana sacudió la cabeza.
-Hace demasiado frío. Quédate en el porche. Ese chico debería ser más sensato y no pedir a una jovencita como tú que espera fuera en la nieve. Te lo juro, ese chico no tiene modales en absoluto.
Kaye sintió el golpe de aire cuando Lutie pasó volando a su lado. Su abuela ni siquiera levantó la mirada.
-Vale, abuela. Adios, abuela.
-Manténte caliente.
Kaye asintió y utilizó la manga del abrigo para girar el pomo de la puerta y así evitar tocar el hierro. Incluso su olor le quemaba la nariz cuando se acercaba. Atravesando el porche, usó el mismo truco con la puerta mosquitera y salió a la nieve. Los árboles en el césped estaban encapsulados en hielo. El granizo de esa mañana había golpeado todo lo que había tocado, congelando una sólida piel centelleante que cubría ramas y contrastaba con el gris apagado del cielo. La más ligera de las brisas hacía las ramas golpear unas contra otras.
Corny no iba a venir, pero su abuela no tenía necesidad de saber eso. No había mentido. Después de todo, las hadas no mientes. Retorcían tanto la verdad que esta se rompía por sí sola.
Sobre el umbral de la puerta, un manojo de espinas envueltas en verde marcaba la casa como vigilada por la Corte Oscura. Un regalo de Roiben. Cada vez que Kaye miraba las ramas, esperaba que ser protegida por la Corte Oscura incluyera ser protegida de la Corte Oscura.
Se giró, pasando junto a la casa tipo rancho con aluminum siding hanging off in patches. La mujer que vivía allí criaba patos italianos que se comían todas las semillas de hierba que cualquier vecino plantaba. Kaye pensó en los patos y sonrió. Una lata de metal rodaba en la esquina, golpeando contra las latas de cerveza de plástico para reciblar. Kaye cruzó el aparcamiento de una bolera, después un sofá que descansaba en la cuneta, con los cojines duros por el hielo.
Santas de plástico brillaban sobre céspedes junto a un reno envuelto en luces de fibra óptica. Una tienda veinticuatro horas hacía sonar un carrillón de villancicos chillones que se extendía por las calles tranquilas. Un elfo robótico de mejillas sonrosadas saludaba interminablemente cerca de varios señaladores de viento que revoloteaban como fantasmas. Kaye pasó junto a un pesebre que había perdido al niño Jesús. Se preguntó si algún crío lo habrían robado o si la familia siemplemente lo guardaba por la noche.
A medio camino del cementerio, se detuvo en un teléfono pública fuera de una pizzería, indicó local, y marcó el número del móvil de Corny. Él lo cogió después del primer trimbrazo.
-Ey -dijo Kaye-. ¿Te has decidido sobre la coronación? Voy de camino a ver a Roiben antes de que empiece.
-No creo que pueda ir -dijo Corny-. Me alegro de que llamaras, sin embargo… Tengo que decirte algo. Pasaba en coche junto a uno de esos almacenes. Ya sabes, de esos con carteles del tipo “Apoya a Nuestras Tropas”.
- Si -dijo Kaye asombrada.
-Bueno, este decía “La Vida es Como Lamer Miel de un Tarro”. ¿Qué mierda significa eso?
-Raro.
-No mierda, es raro. ¿Qué se supone que significa?
-Nada. No te comas el tarro -dijo Kaye.
-Oh, vale. No te comas el tarro. Ese soy yo. Soy muy bueno comiéndome el tarro. Es mi habilidad especial. Iba a coger uno de esos test para que trabajo estoy más capacitada, tendría la puntuación perfecta para “no te comas el tarro por cualquier mierda”. ¿Y para qué trabajo crees que estaría cualificado exactamente?
-Encargado de almacen -dijo Kaye-. Serías el que pone esos carteles.
-Ouch. Justo entre las piernas. -Podía oir la sonrisa en su voz.
-¿Así que de verdad no vas a venir? Parecías muy seguro de que era buena idea enfrentar tus miedos y todo eso.
Hubo un largo silencio al otro lado de la línea. Justo cuando iba a hablar, él dijo:
-El problema de enfrentar mis miedos es que son mis miedos. Por no mencionar ese miedo a demonios megalomaníacos y amorales es dificil de racionalizar. -Rió, un cacareo quebradizo y extraño-. Solo por una vez me gustaría que finalmente acabaran con sus secretos… que me contaran como protegerme realmente a mí mismo. Cómo estar a salvo.
Kaye pensé en Nephamael, el último Rey de la Corte Oscura, atragantándose con hierro, y Corny apuñalándole una y otra vez.
-No creo que sea tan simple -dijo Kaye-. Quiero decir, es casi imposible protegerse de la gente, imagina de las hadas.
-Si, supongo. Te veo mañana -dijo Corny.
-Vale. -Le oyó colgar el teléfono.
Kaye echó a antes, atrayendo su abrigo más firmemente alrededor. Entró en el cementerio y empezó a subir la colina nevada, embarrada y acanalada por los trineos que habían pasado por ella. Su mirada se desvió hacia donde sabía que estaba enterrada Janet, aqune desde donde estaba Kaye, todas las lápidas de granito pulido parecían igual con sus guirnaldas de plástico y los gorritos rojos mojados. No necesitaba ver la tumba para que sus pasos se ralentizaran y le pesaran por el recuerdo como la ropa empapada debía haber pesado al cuerpo que se ahogaba de Janet.
Se preguntó que ocurriría…

Capítulo 2

Roiben no había esperado que un enviado de la Corte de la Luz le buscara antes de vestir la corona en la frente. Silarial no había hecho ningún movimiento contra él en esos dos largos meses entre Samhain y el Solsticio de Invierno, y empezaba a preguntarse si tenía intención de hacerlo. Los meses oscuros y fríos eran considerados un momento desafortunado para que la Corte de la Luz atacara, así que quizás ella solo esperaba a que el hielo se fundiera con la primavera, cuando tendría toda la ventaja. Aún así, ocasionalmente podía creer que había reconsiderado renovar la confianza entre las cortes del Día y la Noche. Incluso con su número superior, la guerra todavía era costosa.
-La representación de la Corte de la Luz está aquí, milord -repitió Dulcamara, las suelas de plata de sus botas repiqueteaban a cada paso. Roiben oyó el eco de “Lord” contra las paredes una y otra vez, como una burla.
-Hazle entrar -dijo Roiben, tocándose la boca. Se preguntaba si Kaye estaba ya en el salón, si estaba sola.
-Si puedo atreverme a revelar información, el mensajero es ella.
Roiben levantó la mirada con súbita esperanza.
-Hazla entrar entonces.
-Si, milord. -Se apartó del camino, dejando que la mujer hada se adelantara. Estaba vestida con ropa de un blanco glacial, sin armadura de ningún tipo. Cuando levantó la mirada hacia él, sus ojos plateados brillaban como espejos, reflejando su propia cara.
-Bienvenida, hermanita. -Las palabras parecieron robarle el aliento cuando las pronunció.
Su cabello estaba recortado cerca del cráneo, un halo blanco alrededor de su cara. Ella se inclinó y alzó la cabeza.
-Lord Roiben, mi Señora te envía sus saludos. La entristece tener que luchar contra uno de sus propios caballeros y ofrece que reconsideres tu impulsiva posición. Incluso ahora podrías renunciar a todo esto, rendirte, y volver a la Corte de la Luz.
-¿Ethine, que ha ocurrido con tu pelo?
-Por mi hermano, -dijo, pero todavía no le miraba cuando hablaba-. Me lo corté cuando murió.
Roiben solo la miró fijamente.
-¿Tienes algún mensaje? -inquirió Ethine.
-Dile que no lo reconsideraré. -Su voz fue cortante-. No retrocederé y no me rendiré. Puedes decir a tu señora que he saboreado la libertad, su servicio ya no me tienta. Puedes decirle que nada en ella me tienta.
La mandíbula de Ethine se apretó como conteniendo sus palabras.
-Se me ha ordenado que permanezca aquí para tu coronación. Con tu permiso, por supuesto.
-Siempre me alegra tu compañía, -dijo.
Ella abandonó el salón sin esperar su dispensa. Cuando su chambelán entró en la habitación vistiendo una amplia y dentuda sonrisa, Roiben intentó no verla un mal presagio de que últimamente era mejor en complacer a los que odiaba que a los que amaba.

Cornelius se apoyaba contra la corteza áspera de un olmo justo dentro del cementerio. Intentaba concentrarse en otra cosa que no fuera el frío, que no fuera el atizador de hierro que aferraba en la mano desnuda o la red de pesca de la otra. Se había puesto su ropa blanca del revés solo por si acaso alguna de esas mierdas de los libros funcionaba y se había frotado con agujas de pino para disfrazar su olor. Esperaba, en la gris noche sin estrellas, que eso fuera suficiente.
Sin importar lo dispuesto que se dijera a sí mismo que estaba, oir a las hadas revolviéndose entre la nieve le llenaba de pánico. No creía realmente que el atizador fuera defensa contra las legiones de la Corte Oscura. Todo lo que podía hacer ahora era contener el aliento e intentar no derrumbarse.
Se estaban reuniendo para la primera coronación en más de un siglo. Todo el mundo estaría allí. Corny deseaba que Kaye estuviera agachada tras un banco de nieve con él esta noche, no bajo la colina en el baile de las hadas. Ella siempre hacía que los planes más alocados parecieran ir a funcionar, hacía que pareciera que podías aclarar lo inexcrutable. Pero para que Kaye hubiera venido, tendría que haberle contado lo que iba a hacer y no había forma de que eso acabara bien. Algunas veces olvidaba que ella no era humana, y entonces le miraba con algo extraño en los ojos, o sonreía con una sonrisa demasiado amplia y demasiado hambrienta. Apesar de ser su mejor amiga, todavía era uno de ellos. Mejor trabajar solo.
Corny se repitió silenciosamente ese pensamiento para sí mismo cuando la primera procesión de hadas pasó. Era un grupo de trolls, con extremidades verde liquen tan largas y nudosas como ramas. Pateaban la nieve al pasar, gruñéndose unos a otros suavemente, con los hocicos olisqueando el aire como perros de caza. Esta noche no se habían molestado con disfraces.
Siguió un trío de mujeres, todas vestidas de blanco, con su largo cabello brillante ondeando alrededor aunque no había viento. Se sonreían secretamente las unas a las otras. Cuando pasaron, sin saber de él, vio que la curva de sus espaldas estaban huecas y vacías como cáscaras de huevo. Apesar de los trajes transparentes que vestían, parecía no importarles el frío.
Unos caballos subieron la colina después, con sus jinetes solemnes y callados. El ojo de Corny captó una corona de bayas rojas rodeando cabello oscuro. No pudo evitar admirar los ricos y extraños diseños de las ropas, los brillantes rizos, y las caras, tan guapas que solo mirarlas hacía que le doliera de anhelo.
Corny se mordió con fuerza el labio y obligó a sus ojos a cerrarse. Sus manos estaban temblando a los costados y tuvo miedo de que el plástico claro de la red de pesca destacara a través de la nieve. ¿Cuántas veces le cogerían así de desprevenido? ¿Cuántas veces podía hacer el tonto?
Manteniendo los ojos cerrados, Corny escuchó. Escuchó el crujido de ramas, el roce de la nieve, el susurro de conversación, la risa que era tan rítmica como cualquier flauta. Los escuchó pasar, y cuando lo hubieron hecho, abrió los ojos al fin. Ahora solo tenía que esperar. Estaba apostando por el hecho de que sin importar por qué fuera la fiesta, siempre había rezagados.
Solo hicieron falta unos minutos para que una tropa de elfos bajitos vestidos de gris subieran la colina. Siseándose impacientemente los unos a los otros, se abrieron paso entre la nieve. Corny suspiró. Había demasiados para que pudiera hacer lo que había planeado, y eran demasiado grandes, así que esperó a que pasaran.
Un hada muy pequeña llegó tras ellos, saltando sobre las huellas largas de los trolls. Vestida de escarlata con un sombrero hecho de media piña de ciprés, sus ojos negros brillaban como los de un animal reflejando la luz. Corny aferró más fuerte el mango del atizador y tomó un profundo aliento. Esperó a que la pequeña hada diera dos saltos más, luego salió de los árboles y con un movimiento veloz, empujó el atizador contra la garganta del hada.
Esta chilló, cayendo bocabajo en la nieve, sus manos volaron para cubrir donde el hierro la había tocado.
-Kryptonita -susurró Corny-. Supongo que eso me convierte en Lex Lutor.
-Por favor, por favor -rogaba la criatura-. ¿Que quieres? ¿Un deseo? Seguramente una cosita como yo tendría deseos demasiado pequeños para un ser tan poderoso.
Corny tiró con fuerza de la fina red de pesca. Una trama de aluminio se cerró alrededor del hada.
La pequeña criatura chilló de nuevo. Se retorció de un lado a otro, respirando con dificultad, dando zarpazos solo para volver a caer con un aullido. Corny finalmente se permitió sonreir.
Trabajando rápidamente retorció cuatro finos alambres de acero, cerrando firmemente la trampa. Después levantó la jaula en el aire y corrió colina abajo, enterrándose hasta el tobillo en la nieve, cuidando de tomar un camino diferente al que cogían las hadas para subir. Se tambaleó hasta donde había aparcado su coche, con la puerta todavía abierta, la rueda de repuesto espolvoreada con una fina capa de blanco.
Dejando caer dentro la jaula, cerró la puerta de golpe y saltó al asiento, girando el contacto. El calor llegó como una explosión y simplemente se quedó allí sentado un momento, permitiéndose disfrutar de la calidez, permitiéndose sentir como su corazón latía con tanta fuerza como para golpear contra el interior de su pecho, permitiéndose la gloria del hecho de que ahora, finalmente, sería él quien estableciera las reglas.

Kaye empinó su copa, bebiéndola hasta el fondo. El primer sorbo de vino de hongo había sido asqueroso, pero después Kaye se había encontrado tocándose los dientes con la lengua, buscando más del sabor carnoso y amargo. Sus mejillas estaban calientes por la presión de sus propias palmas y se sentía más que ligeramente mareada.
-No… eso no es bueno para comer -dijo Lutie-loo. La pequeña hada estaba posada en el hombro de Kaye, con una mano aferrada al arete de plata y la otra sujetándose de un mechón de cabello.
-Mejor que bueno -dijo Kaye, pasando los dedos por el fondo del cáliz, recogiendo los restos, y lamiéndolos de la mano. Dio un paso experimental, intentando girar y sostenerse momentos antes de chocar contra una mesa-. ¿Dónde está mi rata?
-Ocultándose como deberíamos hacer nosotras. Mira -dijo Lutie, pero Kaye no podía ver hacia qué estaba gesticulando. No podía ser nada. Los trolls se apiñaban entre las mesas cerca de selkies sin sus pieles mientras dopplers de espaldas vacías bailaban y giraban. Había al menos un kelpie… el hedor a salmuera resultaba pesado en el aire… pero también había nixies, sprites, brownies, bogies, phookas un shagfoal en la esquina, un fantasma azul zigzagueando entre estalagmitas, sonrientes spriggans y más.
No solo estaban los ciudadanos locales además. La gente había viajado desde cortes distantes para presenciar la coronación. Había enviados de más cortes de las que ella sabía que existían, algunos de la Luz, otros de la Oscuridad, y otros que reclamaban que esas distinciones carecían de sentido. Todos ellos estaban aquí para ver como la Corte de la Noche juraba lealtad a su nuevo amo. A ella le sonreían, sonrisas llenas de pensamientos que Kaye no podía descifrar.
Las mesas estaban cubiertas de manteles azul marino y preparadas con platos de hielo. Ramos y bayas de acebo descansaban junto a esculturas compuestas de bloques congelados de agua verdosa. Una monstruo de lengua negra lamía un trozo que contenía a un minnow inmóvil. Pasteles de bellota amargos congelados con una pasta azucarada de zarzamora estaban apilados cerca de pájaros asados atados por las patas. Un lodoso ponche negro flotaba en un enorme cuenco de cobre, el metal sudaba y humeaba por el frío. Ocasionalmente alguien sumergía una taza de carámbano en ella y sorbía el contenido.
Kaye levantó la mirada cuando el salón se quedó en silencio.
Roiben había entrado en la habitación con su corte. Thistledown, el heraldo oscuro, corría delante de la procesión, su largo cabello dorado surgía de la cabeza marchita. Después venía la gaitera, Bluet, tocando su rítmico instrumento. Después marchaba Roiben con sus dos caballeros, Ellebere y Dulcamara, siguiéndole a tres pasos exactos. Unos Goblins sujetaban los bordes de la capa de Roiben. Tras ellos había otros… su chambelán, Ruddles, un sirviente sujetando una sinuosa copa de cuerno, y varios pages que llevaban los arneses de tres perros negros.
Roiben se encaramó a un estrado grande cubierto de musgo cerca de un trono grande de ramas de abedul entrelazadas y se giró hacia la multitud, hincndose de rodillas. Inclinó la cabeza hacia delante y su pelo, plateado como un cuchillo, cayó como una cortina sobre su cara.
-¿Pronunciarás el voto? -preguntó Thistledown.
-Lo haré -dijo Roiben.
-La noche interminable -entonó Thistledown-, de oscuridad, hielo y muerte es nuestra. Dejemos que el nuevo Señor sea también de hielo. Dejemos que nuestro nuevo Señor nazca de la muerte. Dejemos que nuestro nuevo Señor se comprometa con la noche. -Con eso, colocó una corona tejida de ramas de fresno, con pequeños trozos de varitas formando espinas, en la cabeza de Roiben.
Roiben se alzó.
-Por la sangre de nuestra Reina que derramé -dijo-. Por este círculo de fresno colocado sobre mi frente me ato a la Corte de la Noche en esta, la Noche del Solsticio de Invierno, la más larga del año.
Ellebere y Dulcamara se arrodillaron a ambos lados de él. La corte se arrodilló con ellos. Kaye se encorvó torpemente.
-Yo te presento -gritó el heraldo- nuestro indudable Señor, Roiben, Rey de la Corte Oscura. ¿Os humillaréis y le llamaréis soberano?
Un gran jolgorio de chillidos y gritos. El pelo se erizó a lo largo de los brazos de Kaye.
-Vosotros sois mi gente -dijo Roiben, con las manos extendidas-. Y como yo estoy atado, también lo estáis vosotros a mi voluntad. Que muera si no soy vuestro rey.
Con esas palabras, se sentó en la silla de abedul, con la cara blanca. La gente empezó a levantarse de nuevo, moviéndose para acercarse a hacer su reverencia al trono.
Un spriggan perseguía a una diminuta hada alada bajo la mesa, haciéndola temblar. El cuenco de hielo se derramó y la torre de cubos se colapsó, derrumbándose por todas partes.
-Kaye -chilló Lutie-. No estás mirando.
Kaye se giró hacia el estrado. Un escriba estaba sentado con las piernas cruzadas cerca de Roiben, tomando nota de cada suplicante. Inclinándose hacia adelante en su trono, el Señor se dirigía a una mujer de pelo salvaje vestida de escarlata. Cuando esta se puso de rodillas, Kaye captó un vistazo de una cola de gato retorciéndose por una raja de su vestido.
-¿Que no estoy mirando? -preguntó Kaye.
-¿Nunca has visto una declaración, pixie? -digo con desprecio una mujer con una gargatilla de escarabajos de plata-. Eres la chica Ironside, ¿verdad?
Kaye asintió.
-Supongo que si. -Se preguntó si apestaba a eso, si el hierro se filtraba por sus poros por la larga exposición.
Una chica ágil con un vestido de pétalos surgió tras la muer, descansando sus finos dedos sobre el brazo de la otra, y haciendo una mueca a Kaye.
-Él no es tuyo, ¿sabes?
Kaye sentía la cabeza como si estuviera llena de algodón.
-¿Qué?
-Una declaración, -dijo la mujer-. No te has declarado. -A Kaye le parecía que los escarabajos se paseaban en círculos alrededor de la garganta de la mujer. Sacudió la cabeza.
-No lo sabe. -la chica soltó una risita, arrebatando una manzada de la mesa y mordiéndola.
-Para ser su consorte -la mujer hablaba lentamente, como hablando a una idiota. Un escarabajo verde iridiscente cayó de su boca-. Se hace una declaración de amor y se pide una búsqueda para probar el valor de una.
Kay se estremeció, observando al brillante escarabajo correr hacia arriba por el vestido de la mujer y tomar su lugar en el cuello.
-¿Una búsqueda?
-Pero si el declarado no es correspondido, el monarca le adjudicará una expedición imposible.
-O una mortal -ayudó la sonriente chica pétalo.
-No es que pensemos que él fuera a enviarte a ti a una búsqueda de esas.
-No es que pensemos que él pretenda ocultarte nada.
-Dejadme en paz -dijo Kaye espesamente, con el corazón destrozado. Tambaleándose hacia adelante entre la multitud, supo que había bebido más de lo que tenía intención. Luttie chilló cuando Kaye se abrió paso a empujones entre damas aladas y un hombre que tocaba el violín, casi tropezando con una larga cola que barría el suelo.
-¡Kaye! -gimió Lutie-. ¿Adónde vamos?
Una mujer que mordía las raices de una rama con un residuo gris, apretó los labios con deleite cuando Kaye pasó. Un hada de cabello blanco se acercó lo suficiente a la cabeza de esta y se quedó allí como un reloj de diente de león de aspecto extrañamente familair, pero Kaye no podía ubicarla. Cerca, un hombre de piel azul destrozaba castaños con sus enormes puños mientras pequeñas hadas aferraban ansiosamente lo que él dejaba caer. Los colores parecían emborronarse.
Kaye sintió el impacto del suelo de tierra antes de notar siquiera que se había caído. Por un momento, solo se quedó allí tendida, mirando a través de los ruedos de vestidos, pies, y zapatos puntiagudos. Las formas danzaban y se fundían.
Lutie aterrizó tan cerca de la cara de Kaye que apenas pudo enfocar la diminuta forma.
-Quédate despierta -dijo Lutie. Sus alas vibraban de ansiedad. Tiró de uno de los dedos de Kaye-. Me cogerán si te duermes.
Kaye rodó de lado y consiguió levantarse, cuidadosamente, sin fiarse de sus propias piernas.
-Estoy bien -dijo Kaye-. No estoy dormida.
Lutie aterrizó en la cabeza de Kaye y empezó a tirar nerviosamente de mechones de pelo.
-Estoy perfectamente bien -repitió Kaye. Con pasos cuidadosos, se aproximó al costado de estrado donde Lord Roiben, recien ungido Rey de la Corte Oscura, estaba sentado. Observó sus dedos, cada uno rodeado de una banda de metas, mientras golpeteaban los ritmos de una tonada poco familiar en el borde del trono. Estaba envuelto en una rígida tela negra que le mantenían entre las sombras. Con lo familiar que debía haber sido, se encontró a sí misma incapaz de hablar.
Era la peor clase de estupidez desear fervientemente que alguein se preocupara por ti. Aún así, era como estar observando a su madre en el escenario. Kaye se sentía orgullosa, pero casi tenía miedo de que si subía, no resultaría ser Roiben en absoluto.
Lutie-loo abandonó su percha para volar hasta el trono. Roiben levantó la mirada, se rio, y ahuecó las manos para recibirla.
-Se ha bebido todo el vino de hongo, -acusó Lutie, señalando a Kaye.
-¿De verdad? -Roiben alzó una ceja plateada-. ¿Vendrá y se sentará a mi lado?
-Claro, -dijo Kaye, subiéndose al estrado, inexplicablemente tímida-. ¿Cómo ha ido?
-Interminable. -Los largos dedos de él se colaron entre su cabello, haciéndola estremecer.
Solo meses atrás, pensaba de sí misma que era rara, pero humana. Ahora el peso de alas diáfanas en su espalda y el verde de su piel eran suficiente para recordarle que no lo era. Pero todavía era solo Kaye Fierch y no importaba lo mágica o lista que fuera, era difícil entender por qué se le permitía sentarse junto a un rey.
Incluso si había salvado la vida de ese rey. Incluso si él la amaba.
No pudo evitar recordar las palabras de la mujer-escarabajo. ¿La chica de los tirabuzones con el tambor tenía intención de hacer una declaración? ¿De pedir una búsqueda? ¿La había hecho ya la chica de la cola de gato también? ¿Estaban todas las criaturas mágicas riéndose de ella, pensando que porque había crecido entre humanos, era una ignorante en las costumbres de las hadas?
Quería hacer las cosas bien. Quería hacer un gran gesto. Darle a él algo más fino que un harapiento brazalete. Tambaleándose hacia adelante, Kaye hincó ambas rodillas delante del nuevo Rey de la Corte Oscura.
Los ojos de Roiben se abrieron de par en par con algo parecido al pánico y abrió la boca para hablar pero ella fue más rápida.
-Yo, Kaye Fierch, me declaro a ti. Yo… -Kaye se quedó congelada, comprendiendo que no sabía que se suponía que tenía que decir, pero el licor intoxicante en sus venas impulsó su lengua-. Te amo. Quiero que me des una búsqueda. Quiero probar que te amo.
Robien aferró el brazo de su trono, los dedos se apretaron sobre la madera. Su voz bajó a un susurro.
-Para permitir eso, tendría que tener un corazón de piedra. No te convertirás en un juguete de esta corte.
Sabía que algo iba mal, pero no sabía qué. Sacudiendo la cabeza, siguió torpemente.
-Quiero hace una declaración. No conozco las palabras formales, pero eso es lo que quiero.
Hubo un momento de silencio alrededor de ella y después algunas risas y cuchicheos.
-Lo he registrado. Ha sido hablado -dijo Ruddles-. No debe deshonrar su petición.
Roiben asintió. Se quedó con la mirada perdida un largo momento, después se puso en pie y caminó hasta el borde de la plataforma.
-Kaye Fierch, esta es la búsqueda que concedo. Tráeme a un hada que pueda contar una mentira y te sentarás a mi lado como mi consorte.
Una risa chillona se alzó de la multitud. Ella oyó las palabras: Imposible. Una búsqueda imposible.
Su cara se acaloró y de repente, se sintió peor que mareada. Se sintió enferma. Su cara debía haberse quedado blanca o su expresión debía haberse vuelto alarmada, porque Roiben saltó y cogió su brazo mientras caía.
Había voces a su alrededor pero ninguna de ellas tenía sentido.
-Prometo que encontraré al quienes te hayan metido esta idea en la cabeza, pagará por ello con las suyas.
Los ojos le pesaban. Los dejó cerrarse un momento y se deslizó en el sueño, perdió la consciencia abandonando el mundo de las hadas.

Espero que os alla gustado :)

Permalink 2 comentarios

El Peluche ^^

9-Octubre-2007 at 2:33 pm (Manga y anime)

Hola ^^  hace unas semanas fui con mi amiga Rebe al centro y nos pasamos por Comic stores porque salia el tomo nº18 de fruits basket, cuando ibamos a la otra parte de la tienda las dos nos abalanzamos sobre dos peluches de aproximadamente 36cm de Renji, del anime Bleach, costaba 17 euros y porsupuesto nos compramos uno cada una, ibamos por la calle la mar de contentas con nuestros peluches xD

Porcierto, es una monada con su cara de mala leche ^^

Permalink 2 comentarios